Las elecciones del 20N como no-acontecimiento

Hay algo particularmente siniestro en el modo en que el considerado acto fundamental de la soberanía popular (y nacional) se determina sin cambiar una coma del guión establecido desde hace al menos año y medio. Pero no podía ser de otra manera desde el momento en que el gobierno Zapatero decidió poner fin a sus días el 10 de mayo de 2010, adoptando, de la noche a la mañana, las políticas de austeridad que solo unos días antes había rechazado solemnemente. El resto es más reciente y conocido. (Ha querido el sino ético y estético del periodo Zapatero que uno de los últimos actos del gobierno saliente haya sido el indulto de un banquero condenado, Alfredo Sáenz, consejero delegado del Santander. No podían cederle ese honor al gobierno entrante de Rajoy).

El PSOE ha encajado los peores resultados de su historia en unas elecciones generales: ha perdido 4 millones y medio de votos respecto a las generales de 2008. Por su parte, el PP tan solo ha recibido medio millón de votos más respecto a 2008. Así, pues, su mayoría absoluta solo se explica por el completo hundimiento de la base electoral del PSOE.

¿Dónde reside lo siniestro? Probablemente, en la manifestación mecánica, geométrica, no solo del carácter orgánico del sistema de partidos, sino también y sobre todo de su distancia y alienación respecto al intelecto general expresado, fundamentalmente, por el sistema-red 15M. La única muestra de un cierto instinto de supervivencia del PSOE la encontramos en la relativa tolerancia respecto al movimiento de las acampadas y sus constantes actos de desobediencia civil y, tras el verano, de ocupación de inmuebles. Rubalcaba, el derrotado candidato socialista y antes ministro de Interior y vicepresidente, no es exactamente unwalkind dead. Sabía perfectamente que impedir acampadas y manifestaciones ilegales hubiera cavado la tumba del gobierno irremisiblemente. Sin embargo, solo una mezcla inextricable de mendacidad y corrupción puede explicar la pretensión de mantener el gobierno con un programa de «austeridad leve», contrapuesto a la «austeridad brutal» del PP. Como decimos, mecánica orgánica, suicidio programado. No ha habido ni inteligencia, ni valor, ni dignidad alguna para haber intentado, al menos, enmendar la situación o perder las elecciones como un acto de catarsis o una apuesta de regeneración y apertura a la inteligencia colectiva del movimiento y a la realidad de la crisis sistémica.

Todo lo cual viene a dar la razón, una dura razón, a la radicalidad democrática de las acampadas y de lo que insistimos en llamar el sistema-red del 15M. Seguramente, el PSOE estaba de todas maneras condenado con casi cinco millones de personas sin contrato de trabajo y tras su completa y explícita entrega y sumisión a las exigencias del capitalista colectivo financiero. Pero la encarnación concreta y potentísima de la indignación que ha sido el 15M hacían su recuperación literalmente imposible. El 15M dio el golpe de gracia al periodo Zapatero. Justa retribución, no tanto de la traición, como de la más penosa malversación de aquel «no nos falles» que fue el corolario de los enjambres desobedientes del 13 de marzo de 2004.

Tras las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo de este año, ningún participante del 15M podía ignorar los escenarios de peligro que su propia potencia estaba abriendo. La fidelidad pétrea del electorado del PP se puso de manifiesto el 22 de mayo y ha vuelto a confirmarse el pasado 20 de noviembre. De ahí que la mayoría absoluta del PP no haya supuesto ninguna sorpresa ni, por lo tanto, sus efectos de desmoralización hayan repercutido severamente en el movimiento. Tanto en las asambleas nacidas de las acampadas como en la composición ciberactivista del 15M las actitudes ante las elecciones se han repartido entre la llamada al voto en blanco, la abstención y el boicot al «PPSOE», así como a los nacionalistas catalanes[1] de CiU, corresponsables de las políticas de austeridad y de la aprobación de la «Ley Sinde». Cabe atribuir en alguna medida a este comportamiento la subida de votos y escaños de Izquierda Unida, aunque ésta era esperable ante el hundimiento del PSOE. Por otra parte, en sus listas se presentaban algunos participantes reales en el 15M, como Alberto Garzón, que ha sido elegido al Congreso por Málaga. Sin embargo, ni este tipo de candidaturas «independientes» gozan de consenso en el 15M ni han sido la norma en las listas electorales de IU, llenas de representantes de los partidos y tendencias de la coalición. El 15M no es «de izquierdas», antes bien, redefine sentido y significado de la topología izquierda y derecha.

 

Fin del «periodo de gracia» y primera crisis del 15M

El gobierno de Rajoy supone el cierre definitivo de un cierto «periodo de gracia» del 15M. Atrás queda la coyuntura electoral; termina además toda verosimilitud de un «diálogo» entre movimientos y gobernantes; la gran mayoría de ayuntamientos, comunidades autónomas y diputaciones están por añadidura en manos del PP. En las comunidades donde no gobierna, como en Cataluña, la derecha nacionalista catalana lleva un año poniendo en práctica medidas de recortes salvajes del gasto público y de los servicios fundamentales delwelfare, así como una represión sostenida contra el 15M, desde la violencia despiadada del 27 de mayo en Pza. Catalunya hasta los procesos de excepción contra participantes en el bloqueo de la del parlamento de Catalunya el pasado 15 de junio, en un pleno en el que debían aprobarse unos presupuestos de durísima austeridad.

Cabe pensar además que la primera crisis principal del sistema-red o movimiento 15M tuvo lugar con la jornada del 15 de octubre. Hablamos de crisis en un sentido estricto y etimológico de la palabra. La jornada sacó a la calle a más personas que nunca, pero al mismo tiempo tuvo algo de punto de inflexión de un ciclo de movilización total de cientos de miles de personas que apenas se detuvo en los meses de verano. Un punto de inflexión que, hasta cierto punto, tiene que ver con límites biopolíticos y estratégicos de la forma 15M[2]. Pero también, qué duda cabe, con la coyuntura europea y las enormes diferencias de intensidad y composición de los movimientos contra la austeridad y la dictadura financiera en países como Italia, Grecia o Portugal o Gran Bretaña, así como la debilidad de los mismos en Francia y Alemania.

Si tratamos de rastrear los principales rasgos de esa crisis de la forma 15M (que, insistimos, no tienen una relación directa con el resultado electoral), tenemos que comenzar por el movimiento de las asambleas nacidas de las acampadas. Las asambleas han permitido la difusión por el territorio del 15M en ciudades y pueblos, conservando sus características de absoluta apertura a la participación personal. Son la institución principal (frágil, qué duda cabe) y más reconocible del 15M, junto con las distintas plataformas de hipotecados (PAH)[3]. En ellas, sin embargo, la cuestión de la identidad no ha dejado de primar sobre la cuestión de la máquina de lucha y de la «extensión al 99 %». Esto se pone de relieve en el atolladero de los procesos de toma de decisión, que, o bien se alargan en exceso hasta alcanzar un consenso (no necesariamente unánime), o bien evitan ese escollo mediante el respaldo a casi todas las iniciativas, con independencia de criterios de oportunidad, eficacia, sentido táctico, etc. Por otra parte, el número de asistentes ha bajado considerablemente desde la primavera.

Tras el 15 de octubre, grupos vinculados a las asambleas y a la lucha contra los desahucios han puesto en marcha un proceso de ocupación de inmuebles vacíos, fundamentalmente para la acogida de familias desahuciadas, reuniones y grupos de trabajo y, en general, como «cuarteles de invierno» del movimiento. En algunos casos son las propias asambleas locales o barriales las que están ocupando edificios o equipamientos públicos vacíos, como mercados o centros de salud[4]. Estas «líneas de fuga», emprendidas por minorías dentro del movimiento, se han visto respaldadas con posterioridad, en prácticamente todos los casos, por las asambleas barriales o locales. Como sucediera en las primeras semanas de las acampadas, el bloqueo de la iniciativa se rompe, no mediante la «escisión», sino mediante acciones independientes que responden al método, las reivindicaciones a los parámetros de acción consensuada (fundamentalmente, en este caso, la desobediencia civil –la comisión de una falta o delito– no violenta). Este vínculo entre la lucha contra los desahucios y las ocupaciones expresa una de las dinámicas más potentes del 15M.

Otro proceso paralelo de extensión y recomposición en términos aún inciertos del 15M es el de las campañas contra los recortes y el desmantelamiento de los servicios fundamentales del welfare, fundamentalmente la sanidad y la educación. Toda vez que estos servicios son gobernados y en su mayor parte financiados por las comunidades autónomas, no ha habido que esperar a la victoria de Rajoy para enfrentarse a las campañas salvajes de recortes por obra de gobiernos de derecha neoliberal (sobre todo en Catalunya y Madrid). En el caso citado de Catalunya, desde junio comisiones de asambleas de barrio y comités de centro de hospitales cooperan en la campaña #stopretallades (stop recortes), que ha incluido jornadas de huelga y la ocupación de centros de atención primaria por parte de asambleas vecinales, contra la posición, en muchos casos, de los sindicatos CCOO y UGT[5].

En el caso de la comunidad de Madrid, desde septiembre, cuando el gobierno autonómico del PP redujo drásticamente el número de profesores interinos, aumentando así la carga lectiva del profesorado, la «marea verde» contra los recortes ha convocado ocho jornadas de huelga general de la educación, en muchos casos con ocupaciones de centros, pero sobre todo con la participación de alumnos y familias en las jornadas de huelga y en enormes movilizaciones. En el caso de la marea verde, el dominio sindical (fundamentalmente de CCOO) sobre la protesta y, por lo tanto, su carácter corporativo y derrotista, se ha visto puesto en tela de juicio por la dinámica de asambleas o «red verde», en la que es imposible no ver una hibridación de los métodos y de la composición del 15M[6].

El carácter de esa «defensa de lo público» tanto en las luchas catalanas como en las madrileñas es, desde luego, problemático. Ni que decir tiene que en el discurso de los sindicatos mayoritarios CCOO y UGT rezuma corporativismo y una completa ceguera estratégica. Pero la endeblez de la idea de «servicio público» se extiende a las componentes asamblearias y autónomas de los movimientos en la sanidad y en la educación, así como a las comisiones internas del 15M. Las nociones de lo público que se manejan no sirven para agujerear los muros que bloquean las prácticas.

Por su parte, actores emergentes transversales como DRY se han diseminado en el movimiento de asambleas y ocupaciones, mientras tratan de dotarse de un método organizativo y de decisión y preparan un «plan de rescate ciudadano» para febrero y marzo de 2012. Ante el 20N, se ha centrado en el ataque a la ley electoral y en la campaña contra el bipartidismo del «PPSOE»[7].

 

Entre el devenir y la neutralización: Europa línea de fuga y constitución

Así, pues, son estos los problemas que presenta el 15M desde antes del 20N. Pero todo parece indicar que su corazón sigue intacto. La melancolía es una pasión triste a la que las distintas izquierdas son particularmente afectas, pero que resulta inatribuible sin más a una criatura como el 15M. Y otro tanto podemos decir del pathos victimista, o de la obsesión paralizante ante el fantasma del fascismo. Una criatura, pues, a la que afectan el cansancio y la duda. No así el miedo.

No hay «soluciones» organizativas o estratégicas a corto plazo. Desde el punto de vista de los grandes enjambres en el espacio público y las campañas generales, será preciso esperar a la posesión efectiva del gobierno por parte de Rajoy para buscar su repetición creadora. Dos semanas después de las elecciones, el próximo presidente del gobierno aún no ha hecho una sola aparición pública salvo fugaz. Esto indica hasta qué punto sabe que no puede complacer a las fuerzas de dictadura sin indignar a la multitud. Sin embargo, esta calma antes de la tormenta no puede durar mucho tiempo. La política de la disimulación y del sentido del Estado que parece querer poner en obra Rajoy seguramente preparan una puesta en escena del «gobierno fuerte» y de la «emergencia nacional» para el crudo invierno de 2012. El previsible acuerdo intergubernamental del 9 de diciembre acaso permita unas navidades más sedadas, pero la lógica de la austeridad es implacable y esto a nadie se le escapa.

De esta suerte, el sistema-red 15M tendrá que enfrentarse en breve, por un lado, a la criminalización y represión directa de sus prácticas, a cargo del sistema de mass media afín al PP y de los gobiernos y policías central, autonómico y municipal en las principales ciudades y pueblos. En ello es probable que la provocación, el abuso y la vesania en la represión policial y judicial apunte a romper el consenso sobre las prácticas de resistencia no violenta del movimiento, un coeficiente fundamental de su capacidad de contagio y de su respaldo social. Los procesos de excepción al estilo de los abiertos por el gobierno catalán contra los participantes en el bloqueo del parlamento de Catalunya son igualmente probables.

En lo que atañe a la eventual capacidad hegemónica de la «forma 15M» sobre los próximos conflictos, los principales escollos residen, por una lado, en a) la notable fuerza que mantienen los dos grandes sindicatos CCOO y UGT, adversarios de la radicalidad democrática y política del 15M. Rajoy ya ha hecho saber la urgencia de una nueva «reforma laboral», lo que hace probable una huelga general convocado por CCOO y UGT en los próximos meses, de cuya eficacia y respaldo ciudadano cabe dudar enormemente, así como de la viabilidad de la cooperación con las dinámicas del 15M en ella; b) el resurgir del conflicto territorial, vinculado al proceso de extinción de ETA en el País Vasco y a la fuerza del nacionalismo independentista. Tanto las reivindicaciones de estos como la reacción españolista y el probable sabotaje del proceso de paz por parte del PP contribuirán notablemente a desplazar e incluso dividir internamente al 15M, abiertamente despreciado por «españolista» por no pocos etnonacionalistas; c) en las ilusiones de una «salida electoral» de la crisis y de la lucha contra las políticas de Rajoy, que probablemente animen la actividad de la izquierda parlamentaria e incluso de parte del PSOE, buscando un «abrazo del oso» a las estructuras del 15M.

Seguramente trazamos una previsión demasiado sencilla o demasiado optimista. A corto plazo la tendencia al bloqueo o la disgregación del sistema-red 15M resulta difícil de evitar si permanece encerrado en un cuadro «español», donde no tardará en verse atrapado en una guerra de desgaste. Sin embargo, resulta particularmente difícil imaginar el «cómo» del devenir europeo de la indignación o de la «forma 15M». Su necesidad es casi agónica, pero su determinación parece alejarse por igual de toda agitación voluntarista como de una confianza beata en la autoorientación de los sistemas emergentes. No obstante, el 15M ha demostrado que hay un kairós específico de la acción política de la multitud. De ahí que solo quepa continuar formulando los problemas,  lanzándolos y recogiéndolos de nuevo en una discusión masiva, recursiva, caosmótica en toda Europa. Se trata de identificar y dar imagen y concepto a los adversarios y enemigos justos, de armonizar y tratar de componer los ciclos de movimiento europeo, desnacionalizando radicalmente las luchas; de vincular el desarrollo de luchas y campañas europeas a un planteamiento constituyente que ponga patas arriba el acervo jurídico europeo y se atreva a constituir un demos unificado en toda la UE (donde la formación de asambleas constituyentes europeas está a la orden del día, así como los referendum únicos en toda la Unión); pero también de ser capaces de provocar el conflicto interno y la escisión en los sistemas de partidos y en las instituciones de la sociedad política y civil de la UE en este preciso periodo de pesadilla de restauración confederal de la vieja Europa y de neutralización «financiera» de lo político. Todo permite esperar que, de determinarse con masividad e intensidad esa discusión en red y el ensayo y error de las propuestas de intervención, en la medida en que esté nutrida por las pasiones alegres de la defensa, constitución e invención de la vida en común contra el biopoder financiero, terminará produciendo decisiones en las que, como multitud, «nadie» decide, un umbral, un cambio de atmósfera, un periodo de encarnación de una nueva fantasía revolucionaria, y un espectro omnipresente e inasible para sus enemigos.


[1] Con iniciativas como http://aritmetica20n.wordpress.com/

[2] Véase nuestro artículo «Problemas y desafíos del 15M»: http://diagonalperiodico.net/Problemas-y-desafios-del-15M.html

[3] Véase http://www.stopdesahucios.es/

[4] Véase, por ejemplo, http://oficinavivienda.net/ para Madrid, http://edifici15o.wordpress.com/  (Barcelona) y http://mercadoprovisional.blogspot.com/ (Sevilla).

[5] Véase http://www.acampadadebarcelona.org/aturemlesretallades/

[6] Véase http://soypublica.wordpress.com/

[7] Véase http://www.democraciarealya.es/


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