Máquina Negri Máquina Laclau (en español)

Entrevista a Bruno Cava por João Vitor Santos, IHU online, en 14 de agosto de 2017 | Traducción al español por Santiago de Arcos para la Uninómada Brasil

Negri-Laclau

“En los últimos años, sin embargo, esta dupla de pensadores comenzó a dar señales de cansancio, demasiadas concesiones a esa afección que clama por la unidad de las izquierdas contra el avance de las derechas, afección que ha sido la carne del stalinismo y que provoca un atrincheramiento peligroso del pensamiento”

IHU On-Line – Que aproximaciones y distanciamientos podemos hacer entre las perspectivas teórica y movimientos de Ernesto Laclau y Antonio Negri?

Bruno Cava – Una diferencia decisiva del modo en que Laclau y Negri plantea los problemas es la cuestión de la unidad. Ambos reconocen la realidad contemporánea en que predominan las multiplicidades, derivadas del cambio en la composición social del mundo capitalista, al final del siglo XX, y ambos, son críticos incansables del reduccionismo de análisis del capitalismo que adoptan una relacion mecánica entre clase, partido y determinación material, así como espacio de una izquierda misionera que se restringe a fabricar narrativas-slogans, en una vulgar batalla ideológica. Si Laclau escapa de los objetivismos predominantes en el socialismo (real o de oposición) a través de una recuperación bastante particular del populismo latino-americano, especialmente del peronismo argentino, asociado a una teoría neogramsciana del discurso, con pinceladas de Foucault y Lacan, Negri establece su éxodo a través de la transposición política de la teoría de las singularidades, retratada desde la monadística leibniziana y la micro sociología de Gabriel Tarde, en las actualizaciones creativas de Bergson, Simondon y Deleuze.

Al colocar el problema de las multiplicidades, Laclau, sin embargo, persigue la formación de una unidad de lo múltiple. Esa unidad, no obstante, no se da más de manera dialéctica entre infra y superestructura, por la vía regia de la economia, núcleo duro de la racionalidad moderna. El pensador argentino prefiere teorizar una unidad de nuevo tipo, repleta de contingencias y precariedades, por medio del concepto de la lingüística estructural de “significante fluctuante”. El rendimiento de esa teorización está dirigido a la constitucion de un nuevo terreno de antagonismo que tenga en cuenta la fragmentación y la dispersión de la sociedad capitalista post-crisis del fordismo. No confundir a Laclau, sin embargo, con los teóricos nostálgicos de la comunidad perdida, pues el reconoce que la clase trabajadora se trasformó en líquido y ese es un proceso irreversible. El terreno de esta recomposición laclauniana es político y es el lugar por excelencia de la construcción del pueblo, pero al mismo tiempo asimila el carácter inorgánico, dinámico y precario de esa arquitectura, mediante el concepto de “cadena de equivalencias”.

Negri, especialmente en la trilogía que escribió con Hardt, prefiere afirmar las multiplicidades en tanto tales, como pluralismo que no admite unificación ni siquiera a la manera mitigada de Laclau. El autor señala en Laclau un resquicio del programa de la modernidad de la reductio ad unum, tan presente en el derecho público europeo y su principio de soberanía, aunque nacional-popular. Esto lleva al pensador argentino a sobrevalorar la dimensión nacional de la lucha política, perdiendo de vista que en el pasaje de la era de los imperialismos a la del Imperio la dinámica de poder en el proceso de globalización fue alterada fundamentalmente. La cuestión candente para Negri consiste en pesquisar y elaborar el modo de funcionamiento de la multiplicidad, sin necesidad del salto hacia el momento político o de construcción del pueblo (populismo), o sea, la multitud, que es un proceso, un hacer. No es que instituciones y multiplicidades estén en relacion de oposición dicotómica, sino que la construcción de instituciones es una actualización, una determinada cristalización de un campo polar de individuación, para hablar con Simondon, que subsiste al lado de los estados actuales (este colectivo, aquel movimiento, etc.). La multitud es un conjunto de singularidades nómades, o sea, está compuesta por tendencias no-individuadas y pre-subjetivas.

IHU On-Line – Como sus pensamientos contribuyen a pensar la política en la contemporaneidad?

Bruno Cava – De La razón populista en adelante, Laclau se comprometió con la experiencia latinoamericana de los gobiernos llamados progresistas, de los que la Venezuela chavista de hoy configura el símbolo de su total derrumbe. Este acoplamiento teorico-político llevo al autor a valorizar aún más la dimensión nacional de construcción de los gobiernos, inclusive en la forma de liderazgos carismáticos, como los de Chávez, Evo o Cristina, que pudiesen eslabonar las equivalencias según un proyecto común de poder. En los últimos tiempos, Laclau también se volvió un referente central de los académicos-dirigentes del Podemos madrileño, Iñigo Errejón y Pablo Iglesias. Errejón, por ejemplo, escribió su tesis a partir de una co-investigación al interior del experimento constituyente boliviano de la década pasada.

De esa y de otras investigaciones, implicadas en la construcción de una alternativa de poder en América Latina, los podemitas tomaran la formulación nuclear de su teoría política de la transición o “populismo 2.0”, que consiste en la necesidad de dar el salto a la política, con su propia lógica, que los movimientos y luchas no son capaces de dar por si solos. A fin de superar los impasses de la fase destituyente de las luchas, impasse que puede precipitarse en una restauración de los poderes amenazados, es necesario elaborar un proyecto propiamente político, afirmativo, de dominio de las instituciones para reinventarlas desde adentro, lo que inauguraría la fase constituyente.

Hoy, cuando buena parte de las conquistas de los gobiernos progresistas fue revelada como propaganda, y su producción de nuevas instituciones como nulidad, cuando el propio progreso del progresismo ha sido puesto en jaque, cabría preguntar si la teoría del discurso de Laclau, que está en el centro de su percepción de disputa política, no contribuyo a alargar el punto ciego sobre los movimientos y las transformaciones que ocurrían en las bases sociales. Y al “populismo 2.0” errejoniano, cabría preguntarle si no fue llevado con demasiada literalidad, especialmente en cuanto al carácter centralista del “núcleo irradiador”, que terminara por catalizar el proceso de desaceleración y por tanto la retracción de la hipótesis Podemos en el escenario español, después de la partida en 2014-15

La trilogía de Negri y Hardt (Imperio, Multitud, Commonwealth), sin duda, es el principal texto político del ciclo global de luchas alter globalización, de la insurrección zapatista en Chiapas a los días de Acción Global (1994-2003). La debacle del bloque soviético de las grandes narrativas del socialismo en el mundo entero no dieron lugar a un horizonte sin-horizonte, o “flat horizon” del fin de la historia, en medio del cual solo habría condiciones para revueltas desarticuladas y anti políticas. Negri y Hardt fueron los mejores intérpretes de una nueva imagen del movimiento, una nueva constelación global de las luchas, ya no más fundada en la unidad nacional, en el salto político o en la representación ideológica electoral. Oídos nuevos para una música nueva que ya estaba sonando. Lo que los nostálgicos de la modernidad llaman desorganización y espontaneidad, Negri y Hardt demostraran que son multiplicidades de derecho propio con una organización de nuevo tipo, capacidad estratégica y creatividad institucional. En ese ámbito, Negri y Hardt se mantuvieron conectados, gracias a una red transnacional de investigación, con las transformaciones de la subjetividad que acontecieron en las últimas dos décadas, inclusive cunado esas transformaciones dinamitaran por dentro el experimento latinoamericano de los gobiernos progresistas, como el levantamiento de junio de 2013 en Brasil.

En los últimos años, a pesar de todo, ese dúo de pensadores comenzó a dar señales de agotamiento, demasiadas concesiones a esa afección que clama por la unidad de las izquierdas contra el avance de las derechas, afección que ha sido la carne del stalinismo y que provoca un atrincheramiento peligroso del pensamiento. Por no encontrar estados actuales e individuados o nombres corporeificados de movimientos, que pudiéramos identificar como hijos de los eventos constituyentes del último ciclo global de luchas (en Brasil, la quimera de quienes serían los “hijos de Junio”), se da una regresión desesperada de método, en la dirección de actores ya destituidos y de espacios anacrónicos, como defensa mínima de valores amenazados. Cómo no ver que tal mecanismo defensivo ante el avance del kathecon termina por secretar una atmósfera de pánico moral (asco de esto x beso en el corazón de aquello) que es el avance conservador mismo.

Esto lleva, a Negri, por ejemplo, a re aproximarse a los sectores de la vieja izquierda welfarista europea, como David Harvey y, en Brasil, a continuar prestigiando sectores socialistas del PT del gran Sao Paulo, como trinchera de una posible recomposición no solo a escala nacional, sino que continental, una curiosa reedición escarlata de la vieja máxima bandeirante “primero en São Paulo, después…”.

IHU On-Line – Negri tiene como uno de sus conceptos básicos la Multitud. Laclau tiene como una de las bases de su pensamiento el concepto de Pueblo. Como entiendes los dos conceptos?

Bruno Cava – La multitud es una multiplicidad intensiva. Interpretar el concepto de multitud como un sujeto dado, un abstracto apriorístico, una especie de dogma principista, seria confundir peras con manzanas. Por definición, la multitud no puede ser individuada, circunscrita en un estado actual y delimitado. El concepto de multitud viene a suplir una deficiencia notable de las ciencias sociales. La más elaborada teoría de los movimientos sociales del siglo XX aun enunciaba una metafísica del siglo XIX, en tanto la más penetrante filosofía del siglo XX aun hacía una crítica a las ciencias como si en la práctica estuvieran presas a una epistemología del siglo XIX. Era un quid pro quo.

El concepto de multitud de Negri y Hardt dota a la teoría de los movimientos de una metafísica a la altura, al mismo tiempo que hace que los movimientos contemporáneos suscitaran conceptos para la filosofía. Hay un paralelo en Brasil con Eder Sader, en su libro, que un amigo estudioso del autor, Alexandre Mendes, considera conmovedor. Estoy hablando de Cuando los nuevos personajes entran en escena, que al contrario del sentir común no es un libro que describa sociológicamente la formación de los nuevos movimientos sociales en la crisis de la dictadura. Los nuevos movimientos sociales son apenas *una* actualización de un impulso creativo mayor, que no se agota en sus resultados más perceptibles y delineables.

La genialidad de Éder consiste precisamente en haber conseguido remontar la génesis de los movimientos, movimientos en el sentido ontológico, como tendencias internas, polares, que se derramaban por la sociedad brasileña convulsa, mostrando las autonomías en movimiento en las movilizaciones de la salud en la periferia, en el movimiento de mujeres, en la autoconstrucción de vivienda popular, en la larga fila de actos de insubordinación y sabotaje que proliferan en las nuevas posiciones sindicales. Existe ahí, en el brasileño Sader, un destello del concepto de multitud, que Negri ira a elaborar con Hardt por otra vía, a partir de Simondon y Deleuze.

Laclau piensa el pueblo como multiplicidad extensiva y trabaja teóricamente para reconstituir un encadenamiento, siempre arduo, siempre en riesgo, de identidades, demandas y particularidades dentro de una cobertura trascendental, el Pueblo. Es un populismo para las condiciones post-modernas de fragmentación, cuando la clase se licuo, un tipo de pueblo “post-estructural”, pueblo que falta. La teoría de Laclau no reconoce las singularidades nómades de Negri, que él trata como Kant trata la cosa en sí, algo incognoscible y, en última instancia, sujeto de metafísica dogmática.

La analogía en la historia de la filosofía entre Negri y Laclau no seria, entonces, entre un idealismo pre kantiano de metafísica dogmática y el criticismo kantiano, sino que entre Kant (Laclau, ocupado con las condiciones de posibilidad) y Salomón Maimon (Negri elevándose a las condiciones de la experiencia Laclau opera una síntesis trascendental que va a llenar el terreno del populismo, terreno de una falta constitutiva al modo lacaniano, que recuerda también la parte de los sin parte de Rancière, terreno por excelencia para el antagonismo político que opone un “nosotros” a un “ellos”, haciendo funcionar así la cadena de equivalencias. Puede ser los pobres versus las elites, como en el populismo latinoamericano. Puede ser la gente versus la casta, como en el Podemos español.

El “populismo 2.0”, ultra mediatizado y digitalizado, de Podemos, o del movimiento 5 Stelle en Italia, por ejemplo, se presentó como un populismo inorgánico, con intelectuales que más parecen celebridades que militantes que se camuflan en la carne viva de lo popular, un populismo que ya no se asienta en una fuerte identidad orgánica, como en el caso del Partido Comunista Italiano, de la época de Palmiro Togliatti, o de una sociedad fuertemente corporativizada como en los casos de Getulio Vargas o Perón. Hay algo de verdad en esta formulación del populismo si pensamos, que hoy, figuras tan dispares como Trump, Putin, Maduro, Erdogan, El-Sisi, Grillo, Le Pen, todos son clasificados como líderes populistas. Porque no estamos más hablando de un populismo con fuerte enraizamiento social e institucional de valores nacional-populares o francamente fascistas, como en la Italia de Mussolini.

IHU On-Line – Es posible pensar en la idea de complementariedad entre un concepto y otro? Cómo?

Bruno Cava – En general, los dos filósofos son incomprensibles, no porque las respuestas y soluciones sean divergentes, sino que porque colocan sus preguntas de manera diversa, tienen inquietudes y problemas cualitativamente diferentes. Máquina-Negri, Maquina-Laclau, operan diferente, hacen cosas diferentes, otros usos y funcionamientos. Ahora, claro que si pensamos que para la acción precisamos disponer de una caja de herramientas, las teorías de Negri (y Hardt) y Laclau (y Mouffe) tienen su relevancia relativa. Pero no seamos salomónicos. Esto no nos impide evaluar las conclusiones políticas que uno y otro toma de acontecimientos específicos y coyunturas particulares, sin validar o invalidar su máquina de guerra conceptual.

En un artículo reciente en la Revista Lugar Común, Roberto Andrés sugiere un posible acoplamiento virtuoso de las teorías de la multitud y del populismo post-estructural. Según el activista de la plataforma municipalista Cidade que Queremos – CQQ, una de las experiencias más vibrantes de Brasil en términos de renovación de la representación, el terreno del populismo debe ser encarado como el terreno de la lucha, en el contexto de la crisis de las mediaciones políticas y teóricas. En este enfrentamiento, la red de contrapoderes sociales asume el papel de fuerza motriz para tensionar los mecanismos de representación, impidiendo de manera dinámica el cierre en una zona de confort típica de los aparatos partidarios y de los arreglos institucionales. La proposición nos exige consideración, si pensamos que el populismo parece ser uno de los nombres de la crisis de las mediaciones hoy.

En Cuando trama de la tierra tiembla, texto colectivo de la Universidade Nômade, son puestas en tension las dos lineas, una línea de la multitud y una línea de hegemonía, exactamente para metabolizar la relacion entre movimientos y gobiernos, entre luchas e instituciones, como una relacion dinámica y en una oposición polar.

Otro que, recientemente escribió sobre el carácter no excluyente entre las teorías de Negri y Laclau, una “disyunción posible”, fue el filósofo Rodrigo Nunes. Yo diría que, concordando sustancialmente con cada uno, que esta tentativa de comparación es un falso problema y tiende a tornarse un dilema escolástico.

IHU On-Line – Cuales son las divergencias entre Negri y Laclau en lo que se refiere al entendimiento que tienen sobre el capitalismo contemporáneo? ¿Y cómo observan la incidencia del capital del siglo XX y XXI en el campo de la política?

Bruno Cava – No prescindir de un análisis del capitalismo en el que todos estamos es una condicion sine qua non si no queremos incidir directamente en el riesgo del idealismo teorico, o sea, de desacoplamiento crónico en relacion a las dinámicas reales de producción de la vida y transformación del mundo. Este es un punto ciego en la teoría política de Laclau, que parece aprehender la realidad dispersora y fragmentaria del post fordismo como dada de facto y no condicion de derecho. Marx no hace un análisis del capitalismo meramente para interpretar leyes objetivas de funcionamiento de lo real sino que para deslindar de la procesualidad determinadas tendencias, que tensionadas desde dentro en la contingencia de las luchas, llevándonos más allá del capitalismo, hacia sus límites internos y externos.

Negri avanza en ese programa al concordar con el “Manifiesto Comunista”, de 1848, teorizando que la motricidad implícita del capital de “dispersar todo lo que es sólido en el aire” se ha ultimado en el último giro del modo de regulación capitalista entre el fordismo y el post fordismo, hegemonizado (en tanto tendencia) por el trabajo inmaterial, la financiarización de la vida y la forma Imperio de la globalización. Esto implica invertir el dinamismo y la fluidez del proceso hacia la teoría, los propios conceptos deben repercutir el carácter aéreo o gaseoso. Podemos volver al ejemplo de Éder Sader: cuando un autor reconduce las teorías sociológicas a la génesis del movimiento de que ciertos grupos (el PT mismo) son actualizaciones, el estudiara las transformaciones del capitalismo en el Brasil en el fracaso del último modelo nacional-desarrollista y la nueva fase de la globalización, en medio de las migraciones del campo hacia la periferia, del norte al sur.

Todo esto no significa que se deba sobrevalorar los elementos genéticos y diferencias que dan vitalidad a los movimientos, en detrimento de los elementos actualizados e individuados que pueden ser identificados en un análisis restringido a la coyuntura. El caso, como ha sido extensamente alertado por Negri, es metabolizar en la teoría la doble articulación, la presunción recíproca y no dialéctica entre uno y otro, entre potestas y potentia, lo que de paso no excluye el hecho de que hay una diferencia fuerte, de naturaleza, una distinción real, entre el movimiento como tendencia intensiva y el movimiento como estado actual, más o menos institucionalizado e identificable por la sociología.

El problema es que, cuando esa doble articulación entre análisis del capitalismo y análisis político aparece en los análisis de coyunturas entre los idealismos de izquierdas, como criticado desde los petardos de Marx contra los jóvenes hegelianos y los socialistas utópicos, ella es transformada en la Langosta de Mil Mesetas, en un “doublé bind” del tipo pinza, en un doble impasse: la crisis de los sujetos es remitida al Capitalismo (con mayúscula), a la distorsión de una frase deleuziana de que “no puede haber gobierno de izquierda” (segun Giuseppe Cocco en “La red con ‘r’ minúscula y las reformas), en tanto crisis del Capitalismo es remitida a la ascensión de los populismos, a la onda fascista y otras confusiones analíticas.

IHU On-Line – Antonio Gramsci es leído tanto por Negri como por Laclau. Cómo entender la apropiación que hace cada uno de él?

Bruno Cava – Paradojalmente, Negri estas más cerca de Gramsci de lo que Laclau pueda estar, después de Hegemonía y estrategia socialista, escrito con Chantal Mouffe. El gramscismo de Negri, a pesar de todo, es ambiguo. En primer lugar, porque Negri se crio teórica y políticamente desplegando una disidencia contra el eurocomunismo del Partido Comunista Italiano, que tenía al neogramscismo como uno de sus principales fundamentos analíticos. Si, en los tiempos del liderazgo de Togliatti, el carácter nacional-popular del proyecto del PCI fuese, en las palabras de Negri apenas un ‘pecadillo’, con la alianza entre el partido y la Democracia Cristiana en la década de 1970, el “Compromiso Histórico”, todo el discurso de la hegemonía termino siendo industrializado para justificar la represión de aquellos movimientos que no se encuadraban en una estricta disputa político-partidaria y electoral organizada desde arriba por los dirigentes del PCI.

El Movimiento de la autonomía italiana, cuya cima fue en 1977, del que Negri era un intelectual insider, termino aplastado por el peso de ese compromiso escandaloso con las fuerzas oligárquicas. Gramsci, entonces, era el filósofo de cabecera de sus enemigos, exigiendo siempre la activación de un Gramsci menor, de un Gramsci más allá de Gramsci. Segundo, porque la teoría negriana sutura varios elementos con el estructuralismo althusseriano que no solo amputa a Hegel en su relectura de Marx, sino que procede a la liquidación de Gramsci, lo que sólo vendría a alterarse en el último Althusser, del materialismo aleatorio.

La diferencia decisiva en la aprehensión de Gramsci por Negri y Laclau está en el papel de la lucha de clases como fuerza dinamizadora de los conceptos. Laclau lee el giro medular de la sociedad capitalista como dislocamiento del discurso de clase, exigiendo la reconstitución de un terreno político ya no más articulado por un antagonismo de clase, sino por el de un populismo, por así decirlo, post-estructural. Esto encuentra eco en la afirmacion de grupos minoritarios que emergerán a lo largo del ciclo anticolonial y sesentayochista, en el sentido de contestar la tentativa de unificación de los movimientos por los partidos comunistas y obreros en nombre de lo que sería la contradicción fundamental, la división de clase.

Negri no va al encuentro de este alejamiento del horizonte dado por las transformaciones del capitalismo, pues en lugar de renunciar a la clase, entiende, que ella cambio de naturaleza, distribuyéndose a lo largo del tejido social en la misma medida de la dispersión subjetiva del post-fordismo. Es decir, para Negri, no es que el antagonismo de clase haya dado lugar a una multiplicidad extensiva de identidades y demandas, que convendría a la teoría populista reorganizar precariamente en la forma de un encadenamiento de nosotros equivalentes, como en Laclau, sino que el antagonismo de clase se molecularizó junto con la relación del capital de manera que la propia multiplicidad intensiva -la multitud- es un concepto de clase.

Hegemonía

En esta lógica, entonces Laclau actualiza la importancia de la lucha contra-hegemónica, engendrada por Gramsci para las sociedades civiles del americanismo fordista, a las condiciones postmodernas de la disolución de la clase, Negri lo hace evocando una especie de “postmodernismo fuerte”, un concepto organizativo y creativo de manejar la lucha por dentro de esas mismas condiciones. La hegemonía, en Negri, tiene mucho más que ver, por tanto, con la creatividad institucional que emerge desde dentro de la multiplicidad intensiva (un institucionalismo sin estado, un derecho público no estatal, etc.), mientras que para Laclau, sin el mismo grado de análisis del capitalismo guiado por la fuerza motriz de la lucha de clases, apunta hacia teorías del discurso, en una mezcla fina de Foucault y Lacan.

IHU On-Line – Cómo pensar en la constitucion de un frente nacional-popular a partir de Negri?

Bruno Cava – En Cinco lecciones acerca de Imperio, Negri desarrolla el método marxista como se muestra en los “Grundrisse”, en su cuaderno introductorio (la Einleitung). En ese texto formidable de Marx, enuncia toda una operación conceptual que, más tarde, vendría a ser llamada post-estructuralismo. Marx introduce ahí, justamente, el método de reconducir el análisis a la génesis del movimiento real de transformación, a las tendencias en estado no individuado. Evidentemente Marx no podría expresarse con este lenguaje, teniendo que hablar con la lengua filosófica de su tiempo, en un hegeliano subversivo, hablando así en abstracción determinada y retorno al concreto. El movimiento del concepto en Marx para que se convierta en concreto pasa, por lo tanto, por tres niveles.

Un primer nivel que consiste en identificar los movimientos actuales existentes, las luchas como se presentan, los sujetos sociales, políticos, económicos, etc. La originalidad de Marx esta en identificar, en ellos, una mezcla mal analizada, una mistura confusa de tendencias y movimientos que son efectos y contra efectos de un proceso mayor y coexistente, el proceso del capital. El método entonces procede a la abstracción, esto es, la reconducción de las categorías sociológicas a los elementos genéticos y diferenciales

Este campo no individuado y habitado por las singularidades es el campo de la lucha de clases, donde la clase existe en tanto estado magmático, incandescente: como trabajo vivo o “plasma creador”, para usar los términos del propio Marx. El capitalismo es un punto de subjetivacion en el sentido que encuadra ese campo de plasma activado en un sujeto identificable y cualificado, esto es, como fuerza de trabajo, incorporada de este modo al metabolismo de vampirización del capital. La clase, por lo tanto, no puede ser delimitada como clase social o sociológica, ni como categoría de la economia política. La clase es siempre pre-subjetiva y nómade, en otras palabras, la lucha de clases es primero, como han teorizado E.P Thompson o Negri. Este último articula el nivel de la lucha de clases por medio de un segundo nivel, un nivel intermediario, que es el análisis de la composición de clase, del análisis del capitalismo “al revés”. Negri, sin embargo, no puede parar ahí, teniendo que avanzar hasta el tercer nivel, el de los elementos genéticos, el del “movimiento de los movimientos”, es decir, un movimiento que sólo es perceptible de derecho, como tendencia, como polo intensivo de las transformaciones.

Entonces, dicho esto, se podría preguntar, como Éder pregunto en la franja de los años 80’s, cual es el “movimiento de movimientos” de Junio de 2013? De las primaveras árabes? Independiente de la existencia de estados actualizados o novísimos movimientos sociales derivados de aquel eventos de eventos? Aquí es donde entra lo que Marx llamaba el “retorno de lo concreto”, función que Negri atribuye a la co-investigación (“conricerca”, en italiano, pariente de la investigación-acción y de las cartografías afectivas). No basta con elevarse sobre el empirismo ciego de las coyunturas hacia las condiciones del movimiento, hacia el campo de las singularidades nómadas y salvajes. Es necesario hacer el camino de vuelta, o sea, las lineas de actualización que permiten desplazar los problemas, abrir los impasses y evitar las mixturas mal analizadas por teorías basadas en los estados actualizados e individuados, digamos, subproletariado (Singer), clase de los trabajadores (Jessé), nueva clase media (Neri), nueva clase trabajadora (Pochmann), la propia categoría amorfa de la ‘clase media’, todo eso que, en el fondo, expresa una multiplicidad de tendencias, es decir, son atravesadas por singularidades que dan lugar a otras capas de análisis.

El evento de junio de 2013 fue un momento de emergencia que disparo tendencias que rompieron todos esos mitos, sin que la emergencia tuviese su actualización en un sujeto único o nominable: transformándolos, sin embargo, a todos. Junio de 2013 subsiste como conjunto de efectos sobre los sujetos preexistentes, un imperceptible de los análisis que no tengan en cuenta el régimen intensivo de las singularidades, que también es real. Finalmente, precisamos de soluciones! En Cinco lecciones sobre Imperio, Negri propone la tarea de elaborar una nueva Einleitung, una metodología de co-pesquisa que este a la altura de las transformaciones objetivas y subjetivas del capitalismo, de la composición de clase.

Es en ese aspecto, el del retorno diferenciante que cabe a la investigación actuante, que, me parece, Negri y Hardt tocaron techo. En su último libro Assemby, los autores hacen una lectura del último ciclo global, de las primaveras árabes, centrado en puntualizar las discordancias, en relacion al carácter horizontalista, “leaderless” y anti-institucionalista de esas luchas, como si fuesen causas de su derrota por la operación restauradora generalizad que siguió a las acampadas y ocupas. Es poco añadir, en relacion a la trilogía seminal citada, y flirtea con el frentismo de pensamiento atrincherado que cite.

En lugar de apuntar a los populismos de derecha y de izquierda, como repercusiones de una crisis inasequible, de la que se conocen sólo los efectos, oponiéndose a Syriza y Le Pen, o Lula y Bolsonaro, menos paralizante es renunciar a la idea de salida de la crisis (a la derecha o izquierda, o por el proyecto nacional-popular, etc.), para entrar en ella, entrar en los impasses.

Una buena elección para una inicial comprensión más sutil del ciclo de luchas se puede encontrar en el extenso trabajo de co-pesquisa de Paolo Gerbaudo (en The mask and the flag, 2017), que sintetiza el movimiento como el nacimiento de un anarco populismo, un híbrido disforme entre las tendencias anti políticas y anticorrupción que opone al ciudadano a la casta (del tipo Laclau) y las tendencias anarquistas y autonomistas que se expresaron en las prácticas de democracia directa, ocupación constituyente y tecnopolítica (más cercanas a las teorías de Holloway, Negri o Castells). De ahí el título del libro, que evoca la interpenetración de las máscaras de Guy Fawkes, adoptadas por los black blocs y por el grupo Anonymous, y de las banderas nacionales omnipresentes en las marchas callejeras de millones

Del mismo modo, Gerbaudo me parece muy apresurado en el delinear el ciudadanismo, resultante político de esa composición, como respuesta contra-hegemónica al “momento populista”, faltándole el recorrido hasta los elementos genéticos, de que Marx hablaba en los Grundrisse.

IHU On-Line – Y como pensar en la constitucion de un frente nacional-popular según Laclau?

Bruno Cava – A diferencia de Negri, Laclau piensa desde el punto de vista de la recomposición de un pueblo en tanto momento político de los antagonismos, inclusive a través de la figura de un líder carismático, o sea, piensa desde el punto de vista de la formación de una nueva mayoría social capaz de tomar la ocasión de la crisis e institucionalizar una alternativa de poder, a partir de un encadenamiento de identidades y demandas no-representadas en la vigencia estructurada. Aunque nada de esto se asemeja, en su teoría, a una nostalgia de una comunidad orgánica u organización corporativa del tipo nacional-popular, cuyas condiciones señale ya no existen más.

Este “salto político”, a pesar de los incontables considerandos y salvedades, aun le permite pensar a Laclau, particularmente a partir de la “la razón populista”, en un nuevo proyecto progresista de gobierno, que va a nacer de un nuevo arreglo de las equivalencias reunidas en la unidad nacional o de una nueva izquierda. El problema ahí, me parece, no es la pretensión jurídica de la teoría en reformular conceptualmente este proyecto, sino la capacidad de análisis de las condiciones de derecho.

Sin un concepto de clase, sin una teoría de las singularidades, cómo comprender la dinámica de poder que daría a tal proyecto la subjetividad necesaria para impulsarlo? Porque una teoría del discurso sin tener en cuenta la potentia que le animaría (según el concepto de discurso en Foucault, indisociable de las relaciones estratégicas de poder), corre el peligro de convertirse en un videojuego de narrativas, en una cultura war que pasa a disputar simbólicamente en ausencia de las transformaciones reales. El concepto de hegemonía ahí es despojado de cualquier materialidad y se torna una mera disputa comunicativa, que pasa a presuponer, por un lado, un inefable poder hegemonizador (la Red Globo, Hollywood, la CIA, George Soros), del otro, masas que maniobrar a la deriva de las pulsiones mediáticas o de consumo. Esto parece ser un problema grave en la teoría de Laclau, donde el carácter acuoso de las fluctuaciones traza una nueva línea de firmeza teórica, mas en los actuales proyectos de recomposición institucional en la crisis, en términos de una nueva izquierda, un nuevo programa o frente nacional-popular. Como cierta alerto Giuseppe Cocco: los neoliberales frecuentemente son más materialistas que las izquierdas, incluso que las que invocan autores materialistas, como Marx o Negri.

Traducción: Santiago de Arcos


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