La crisis de la intelectualidad brasileña

Entrevista con Raphael Tsavkko Garcia, por Patrícia Fachin (IHU online), en 15/12/2017 | Traducción: Santiago Arcos

La crisis de la intelectualidad brasileña, la interdicción del debate y la imposición de patrones de comportamiento y pensamiento

La situación política de Brasil es “desesperante y con pocas posibilidades de ver una luz al final del túnel”. Lo que se ve en el ámbito público, especialmente en la clase política, son “extremos rabiosos haciendo teatro para agradar a militancias fanatizadas que, detrás de las escenas, dicen amén al mercado y buscan mantener a salvo los intereses de las mismas oligarquías – y, de paso, hundir “Lava Jato”, dice Raphael Tsavkko García a la IHU On-Line. La derecha y la izquierda, subraya, “apuestan a la censura, la intimidación, fanatización y radicalización de discursos que, en la práctica, no difieren mucho”.

En la entrevista a continuación, concedida por e-mail, García critica que parte de la “intelectualidad” brasileña que “siguió la marea y se mantiene fiel al PT y sus narrativas, aunque para ello sean forzados a prostituirse académicamente”. Según él, “es notorio que las tesis sobre la clase media -demonizándola y culpándola por todos los males- fueran pinzadas para adecuarse a las narrativas del PT de que sería perseguido por hacer lo mejor para los pobres”.

Según él, la crisis brasileña no es sólo política, sino intelectual, y se expresa particularmente en las redes sociales y en las universidades, a través del comportamiento de los “justicieros sociales”, que han imposibilitado el debate político y discusiones sobre género y racismo. “Son personas, muchas de ellas líderes, integradas al movimiento negro, feminista y LGBT, que tienen como agenda no la superación del prejuicio / machismo / homofobia, sino la imposición de un aislamiento, de safe spaces, de la construcción de realidades e historias alternativas sin conexión con la realidad, en fin, muchas veces predican odio para, dicen, combatir el odio”. Este grupo, afirma, “sustituye pautas universales o universalistas de justicia social, de combate al prejuicio en todas sus vertientes, igualdad, etc. por otras cuestiones de cuño más personal / personalista y micro luchas que acabaron por ser entendidas de forma independiente de las grandes luchas. Por ejemplo, la lucha contra el racismo o los derechos de las mujeres pasó a ser comprendida no como el desdoblamiento o continuación de grandes luchas, sino como algo aislado, un fin en sí mismo – existiendo incluso dentro de escalas de opresión en que corresponde a los miembros de los movimientos elegir a cada momento cuál es más importante sin absolutamente ningún criterio”.

Las consecuencias de ello, advierte, ya pueden ser vistas hoy, como “interdicción del debate, imposición de patrones de comportamiento y pensamiento visando la negación de la diversidad y la imposición del pensamiento único”.

IHU On-Line – ¿Cuál es su análisis sobre la situación política de Brasil?

Raphael Tsavkko García – Una situación desesperante y con pocas posibilidades de ver una luz al final del túnel en el corto y mediano plazo. Extremos rabiosos haciendo teatro para agradar a militancias fanatizadas que, entre bastidores, dicen amén al mercado y buscan mantener a salvo los intereses de las mismas oligarquías – y, de paso, hundir Lava Jato.

Junio de 2013 y Lava Jato sacudieron las estructuras del poder y las élites que se turnan en el control del Estado están tratando de reestructurarse mientras apuestan por una inmensa polarización para mantener a la población ocupada en atacar y atacar mientras que cocinan sus acuerdos para enterrar cualquier resistencia(s).

Ambos apuestan a la censura, la intimidación, la fanatización y radicalización de discursos que, en la práctica, no difieren mucho. Es improbable que a corto plazo surjan nuevos liderazgos y movimientos capaces de presentar algo nuevo y que no sean meros caballos de Troya de las estructuras dominantes actuales.

Quiebra de la derecha y de la izquierda

En la derecha tenemos la total quiebra ideológica de partidos como el PSDB o el PMDB, envueltos hasta el cuello en corrupción, cuajados de luchas internas y con reprobación en las alturas. En la extrema derecha tenemos a Bolsonaro que, sobran comentarios, sería el verdadero apocalipsis (incluso con sus intentos de probar ser más comedido y agradable, incluso “liberal”, un ropaje que no le cabe). En la izquierda tenemos el PT – cuyo discurso de golpe ahora ha sido sustituido por el del perdón a los golpistas para que puedan volver a ser aliados – y el resto que orbita a su alrededor y que no son muy diferentes, incapaces de proponer algo nuevo.

Es notable el PSOL que, nacido como una alternativa al PT, espera vergonzosamente que Boulos, notorio lulista, decida si va a competir contra su ídolo. Es desmoralizante. Esparcido, tenemos movimientos que orbitan alrededor de los partidos tradicionales o que intentan proponer algo nuevo aventando candidaturas que suenan como chiste, el caso de Luciano Huck.

Toda aquella efervescencia de junio de 2013 parece, para la izquierda, haberse ido por la alcantarilla. En la derecha, MBL y demás grupos se convirtieron en la punta de lanza de Temer y sus reformas impopulares. Para donde miramos sólo vemos un agujero negro.

IHU On-Line – Muchos evalúan que hay una crisis en la izquierda brasileña. ¿Cuál es su diagnóstico? ¿Cuáles son las razones de la crisis?

– La crisis es obvia y las razones varias, pero en especial se centra en el PT, o mejor, en la insistencia de la izquierda en tener el PT como su salvación. Por años el partido hegemonizó a la izquierda, pequeños desacuerdos y disidencias como el PSTU o el PCO (y posteriormente el PSOL) que no fueron capaces de alterar esa centralidad. El PCdoB siempre se quedó cómodo con su papel de hegemonizar el movimiento estudiantil (a costa de fraudes, intimidaciones y uso de la máquina, claro), dejando la política de gente grande para el PT y comiendo por los bordes.

Finalmente, décadas de hegemonía petista costaron caro a la izquierda, pues cuando la población salió a las calles en 2013 (originalmente con pautas progresistas y de izquierda) el movimiento fue aplastado por el PT, PSDB y demás aliados.

El PT se alió y dio fuerza a los conservadores (a los banqueros, contratistas, etc.). Cuando la izquierda tomó las calles en 2013, muchos petistas y aliados gritaron “que vaya la Policía Militar”, engrosando el caldo de los que llamaban a los que protestaban “vándalos” – y en el período subsiguiente el gobierno creó una máquina represiva y de marketing para derrotar junio tanto en la narrativa como físicamente.

Junio de 2013

Uno de los aspectos cruciales de la narrativa del golpe es que junio de 2013 sería el punto de inflexión que llevó a un recrudecimiento del conservadurismo en Brasil. Junio se inició como un movimiento francamente de izquierda, vinculado al MPL, al derecho al pase libre, contra la privatización del transporte y el aumento de las tarifas.

Una revuelta popular que fue tomando fuerza y extendiéndose por el país. (…) Tenía todo para ser otra de la serie de movilizaciones sociales de izquierda que tienen su momento (o momentum) y luego desaparecen, habiendo conquistado algún avance o al menos impuesto una pauta.

El año 2013 se mostraba un hilo de esperanza -y también se inserta en un “momento global” de luchas y revueltas – no sólo para la izquierda, sino para sectores progresistas de la clase media y hasta para sectores de una cierta derecha liberal con pautas sociales más progresistas. Su aplastamiento por la fuerza de la represión policial acabo por radicalizar por la derecha a los sectores menos politizados que adoptaron un discurso (fácil) de odio al PT y que fueron abrazados por figuras ya establecidas de la extrema derecha, como Bolsonaro, Feliciano (este que fue aliado del PT), entre otros.

La violencia política absolutamente inaceptable que siguió a las manifestaciones acabó por amplificar las movilizaciones que, victimizando pesadamente periodistas, hizo que la marea se virase e incluso que los medios se quedaran al lado de los que se manifestaban. La violencia fue el divisor de aguas y fue usada indistintamente por gobiernos tucanos, petistas y por los aliados de ambos.

Cambio de marea

Cambiado el curso de la marea, las protestas, que ya poseían un carácter difuso, acabaron por ver sus pautas ampliadas e incluso apropiadas por diversos grupos que salieron a las calles. A partir de este punto no había más control. Los sectores de derecha pasaron a participar en las manifestaciones, culminando en episodios de violencia, como en São Paulo, en que miembros de partidos de izquierda fueron agredidos por la turba.

En resumen, Junio fue un momento único, difuso, de múltiples pautas y, en que pese a haber sido iniciado y mantenido por la izquierda, fue también apropiado por otras tendencias políticas. Pero no puede, en modo alguno, ser responsabilizado por el resultado de las urnas. He insistido en el carácter progresista, que fue hegemónico en las manifestaciones y que en muchos lugares acabó sobreviviendo por lo menos un año y desembocó en las protestas anti-Copa por el país. Hemos tenido contradicciones, sin duda, pero el carácter progresista ha sido dominante.

Como pensadores de la talla de Bruno Cava, Moisés Pinto Neto, Giuseppe Cocco, Pablo Ortellado y otros ya han repetido tantas veces, 2013 fue el momento de inflexión. Nada más fue lo mismo después.

La crisis de la izquierda es la crisis del lulismo

Junio anunció o develó un tremendo cansancio de la población con la política tradicional, pero el problema va más allá. El PT se convirtió en muchos lugares partido de caciques, en Río cuenta con milicianos y por allá el partido pasó años apoyando la máquina trituradora del PMDB. No podemos olvidar el apoyo del PT a candidatos de partidos aliados (Kátia Abreu, Collor, etc.), así como coaliciones con partidos dudosos, además de un agotamiento natural del lulismo, que no logró ser sostenido por Dilma, tanto por cuestiones económicas como por su total falta de carisma y habilidad política.

La crisis de la izquierda es la crisis del lulismo, del desarrollismo, de la represión a la propia izquierda y, finalmente, de la incapacidad e incluso falta de voluntad de la izquierda en reinventarse – y en separarse del PT. Para muchos, seguir en la barra de la falda del PT es suficiente. (…) Voto crítico, contra el “mal mayor”, en fin, argumentos manidos que siguen siendo usados mientras el nuevo no nace (pues fue aplastado y por lo visto tiene pavor de volver).

IHU On-Line- En su análisis, la crisis brasileña no es sólo política y social, sino intelectual. ¿Cuáles son las causas de ello y cómo esta crisis se expresa hoy en día?

Raphael Tsavkko García – Gran parte la intelectualidad siguió la marea y se mantiene fiel al PT y sus narrativas, aunque para ello sean forzados a prostituirse académicamente. No citaré nombres, pero es notorio que tesis sobre la clase media -demonizándola y culpándola por todos los males- fueron maquilladas para adecuarse a las narrativas del PT de que sería perseguido por hacer lo mejor para los pobres (irónicamente aquellos del PT no involucrados en corrupción endémica, en especial tales académicos, son notorios representantes de la terrible clase media, cuando no son parte de la élite propiamente dicha).

Otras tesis como las de que el problema no es la corrupción endémica ya citada, sino que es la esclavitud que define a la sociedad brasileña, se embarcan en un discurso que llega a ser risible – y que hace par con los justicieros sociales y sus pautas identitarias, que trataré más adelante. No es que la esclavitud y el racismo no sean marcas de la formación de la sociedad brasileña, el problema aquí es su instrumentalización para intentar justificar la corrupción del PT en el poder, y que es el núcleo de la militancia justiciera.

En el caso de la corrupción, al negarse no sólo a reconocerla y disculparse, sino que negar los hechos en que pese a la prueba, el PT impuso el neo discurso del “roba, pero hace” (no por nada Maluf fue por años aliado del PT, había una simbiosis ideológica). “Hemos llegado al punto en que Lula discursea en defensa de corruptos condenados, minimizando los males de la corrupción, y no faltan militantes que llegan al punto de defender el robo de patrimonio público con la excusa de que eso ayuda al país, que es parte del juego.

Saldo petista

Una parte considerable de la intelectualidad empeño el rigor académico para defender un partido francamente corrupto (no es que sea exclusividad de tal partido, lógico), eso demonizando la élite y la clase media de las cuales son parte y alabando la imagen idealizada de los pobres -ese que pudo comprar nevera, TV y coche, pero cuya ascensión social efectiva fue en gran parte ficticia o interrumpida por la crisis creada por el propio PT en el poder.

La crisis de la intelectualidad es la misma crisis de la izquierda como un todo: falta voluntad para desprenderse de las narrativas del PT, de la fuerza hegemónica. Y, por encima de todo, falta en la izquierda la capacidad de la autocrítica para entender cuándo retroceder y admitir que se equivocó – la insistencia de amplios sectores de la izquierda y de la intelectualidad en el apoyo al régimen de Maduro, Cristina Kirchner, e incluso Putin, lo dejan absolutamente claro. En muchos momentos parece que tenemos ante nosotros un abismo y nos lanzamos de cabeza.

El saldo de 13 años de PT fue de cooptación y neutralización de los movimientos sociales. Y el precio a pagar es alto. CUT, MST y UNE desaparecieron del mapa, nuevos movimientos surgen, como los secundarios, pero son incapaces (todavía?) De ocupar tantos agujeros dejados. La criminalización de las protestas en 2013 y durante la Copa del Mundo denunciaron de forma inequívoca la completa quiebra del PT como aglutinador de luchas populares, por el contrario, mostró al PT como uno más de los enemigos, pero con un poder mayor de cooptación.

Con Dilma no quedó absolutamente nada de las pautas de izquierda del PT de antaño, solo apenas un rescoldo de pésimas decisiones pasadas, aliado a la incapacidad política total y a la prisión impuesta por las alianzas hechas a lo largo de los años. El PT no sólo abandonó las pautas de izquierda, apostando sólo al asistencialismo e incentivo del consumo contra la ciudadanía, así como también engrosó y neutralizó a los movimientos de izquierda, como el MST, la UNE, UBES y sindicatos y centrales, como la CUT, que desde hace mucho dejaron de ser movimientos y organizaciones populares y clasistas y se resumen a marionetas del PT.

IHU On-Line – En sus textos usted ha hablado de “justicieros sociales”. ¿Quiénes son ellos, cómo actúan y cuáles son sus discursos?

Los justicieros sociales son fanáticos que se comportan como secta en “movimientos identitarios”, diciendo defender causas sociales, pero que se limitan a buscar focos y a esparcir el odio – al tiempo que perjudican diversas causas al alejar a los aliados y transformar todos en enemigos. La mayoría de las personas, muchas de ellas líderes, integradas al movimiento negro, feminista y LGBT, que tienen como agenda no la superación del prejuicio / machismo / homofobia, sino la imposición de un aislamiento, de safe spaces, de la construcción de realidades e historias alternativas sin tracción con la realidad, en fin, muchas veces predican odio para, dicen, combatir el odio.

En general apuestan por tesis importadas de los Estados Unidos, una realidad bastante diferente de la brasileña, sin traducción o reinterpretación, intentando imponer patrullas sobre palabras, acciones, vestimenta e incluso pensamiento, teniendo como armas linchamientos virtuales, bullying, patrullas, intimidación, escraches, etc.

Universalismo X personalismo

Se trata de un grupo que sustituye pautas universales o universalistas de justicia social, de combate al prejuicio en todas sus vertientes, igualdad, etc. por otras cuestiones de cuño más personal / personalista y micro luchas que acabaron por ser entendidas de forma independiente de grandes luchas. Por ejemplo, la lucha contra el racismo o los derechos de las mujeres pasó a ser comprendida no como el desdoblamiento o continuación de grandes luchas, sino como algo aislado, un fin en sí mismo – existiendo incluso dentro de escalas de opresión en que corresponde a los miembros de los movimientos elegir a cada momento cuál es más importante sin absolutamente ningún criterio.

No hay más lucha de clases, o si hay, es un telón de fondo en el que el problema real es el negro contra el blanco, el hombre contra la mujer, las desigualdades específicas de grupos, mientras que el resto pasa a ser relegado. No se trata de negar que existan disparidades de género y raza, por el contrario, sino de denunciar que se abandona, muchas veces, la pauta amplia por pequeñeces, por un supuesto “protagonismo” en que es más importante aparecer que efectivamente tratar las cuestiones colocadas.

Y ese cambio de pauta tiene total sentido dentro de la realidad brasileña post-2013 y post-impeachment de Rousseff, al final como usted va a hablar de clase o incluso de izquierda y sus bases cuando su mejor amigo es el PMDB y los banqueros? Precisaron de nuevo pauta, el identitarismo cayó como guante.

Identitarismo

Identitarismo entendido como pautas de grupos identitarios que abandonan, por ejemplo, una agenda de lucha obrera por la agenda del obrero negro, de la obrera mujer negra, de la obrera mujer negra y lésbica, y de ahí en adelante, siempre buscando lo más micro, lo más específico y, no el proceso, demonizando a quien no encaja y tratando a todos fuera del círculo como enemigos.

Escribí esto hace algún tiempo, sobre el tema y la conexión carnal entre militancia identitaria y el PT aún en el poder:

Este movimiento identitarista no viene de la nada, […] tomó cuerpo y ganó fuerza con el petismo y, en especial, después de 2013, lo que reforma su conexión carnal con el gobierno y con el PT. Ambos se retroalimentan, por contradictorio que parezca – ya que el gobiernismo en general promueve lo contrario de lo que, en teoría, tales grupos defienden. El punto central para entender el razonamiento de ellos es que el interés real es el de que grandes luchas no avanzan, lo que los hace calzar perfectamente con el PT, que abandonó toda lucha histórica de la izquierda y la sustituyó por un pastiche, por una colcha de los retazos de paliativos. La unión de estos dos es confortable.

El abandono de grandes narrativas sirve a los intereses del PT, que no es incomodado, dejando pequeñas luchas, muchas veces meras pequeñeces, para ser “tratadas” por los justicieros. Es el espacio que queda, es el confinamiento de los movimientos sociales. Al final, esta alianza de ocasión sirve a los intereses inmediatos de ambos. Esto viene junto con el consumismo impulsado por el partido. La meta es crear mercado consumidor, garantizar poder de compra, luego, el ciudadano pasa a ser mero consumidor y, como sabemos, el consumidor tiene siempre razón.

Al final no se trata de emancipación, mucho menos de combatir efectivamente las causas que llevan al racismo, el machismo y la homofobia endémicas, sino tan sólo de aparecer, “lacrarse”, convertirse en mercadológico, ganar clics y “gustar”, siempre dentro de los límites impuestos por el partido (y aquí entendemos el PSOL como una mera continuidad del PT, no algo aparte). Una especie de mercado de protagonismo.

Cabe señalar que el mayor problema (en ese momento) no es que esos grupos identitarios sean capaces de imponer sus pautas y efectivamente intimidar y constreñir más allá de las redes sociales y espacios universitarios (aunque a largo plazo puedan tener mayor influencia, dado que son cercanos e influencian a los formadores de opinión), sino que sus discursos alejan aliados, obligan a los activistas a abdicar de su militancia al no concordar con sus métodos de censura y control y, al final, son incapaces de construir puentes con el resto de la población.

Un dato curioso: antes de que el PT dejara el poder vía impeachment, no se encontraba mención a Rafael Braga, el único preso y condenado por las protestas de 2013 (sin siquiera participar de éstos), entre la militancia lacradora ligada al PT. No les interesaba. Después de perder el poder pasaron a intentar apropiarse de su imagen para fingir que efectivamente si les importa. Rafael Braga se convirtió en una mercancía vendible para la militancia identitaria, ya no representaba más peligro para la narrativa del PT.

IHU On-Line – ¿Por qué los justicieros sociales perjudican las pautas de izquierda, en su evaluación?

Raphael Tsavkko García – No se hace lucha social o se busca justicia social cerrada en guetos autoimpuestos y considerando que todos fuera de la burbuja son enemigos a ser combatidos. Los justicieros sociales se niegan a cualquier diálogo, no hay espacio para discordancias o para cualquier argumento fuera de la cartilla del grupo (cartilla esta que en general cambia de acuerdo con la voluntad de los auto intitulados líderes).

Cualquier intento de diálogo encuentra un muro de llaves y consignas vacías, como “lugar de habla”, “protagonismo”, “apropiación cultural” – son términos que históricamente tienen validez, pero fueron vaciados al punto de la neutralización de su valor – o el uso de términos como “blanco” y “hombre” (o mejor, “omi”) como si fueran peyorativos. En vez del combate de las razones por las cuales algunas categorías se consideran “normales” o la norma, la idea es combatir a las personas. Un blanco racista no es problemático sólo por ser racista, lo es por ser blanco. El hombre machista, de la misma forma, no es problema por ser machista sólo, sino por ser hombre. Es una lógica de la que no se puede escapar, aunque algunos fundamentalistas de la justicia social todavía concedan la posibilidad de “deconstrucción” – siempre con límites insuperables.

El justiciero social

El “justiciero social” nunca está satisfecho y siempre encontrará defectos, porque si no se vuelve obsoleto. Necesitan gritar contra algo y se vuelven simplemente aburridos – para decir lo menos. Son aquellas personas que tienen en el hecho de discrepar una forma de obtener placer, de ahí el uso constante de términos como “lacrar”. No importa si el argumento es válido, sino la sensación de haber vencido y “lacrado”. No sirve de nada lo que hagas, ya han decidido que estás equivocado. Es bueno repetir, ellos no quieren que cualquier situación efectiva de exclusión acabe o se resuelva. Si la situación se resuelve, acaba el estrado de ellos. Son sanguijuelas que quieren mantener todo como está.

La idea central de estos movimientos es la de vivir en guetos autoimpuestos. Niegan siquiera la solidaridad. Si no eres del grupo, eres enemigo. Todo es “construcción social”, pero aún así el opresor, el enemigo, es algo innato.

Su género, su color, su orientación sexual pasan a ser más relevantes que su clase social, que sus opiniones y posiciones. No se trata de negar el racismo, el machismo y la homofobia, por el contrario, se trata de criticar posiciones que, al final, sólo repiten argumentos racistas, homofóbicos y machistas al usar características innatas como forma de derribar y negar argumentos.

Oremos, si es verdad que el racista usa la raza de la víctima para negarle espacio o derecho al habla, es igualmente cierto que una respuesta que adopte la misma práctica no tendrá resultado muy diferente -y jamás positivo. Confrontados con la más pura lógica gritan: “¡Falsa simetría!”.

La izquierda sale perjudicada por cerrarse al diálogo con la sociedad. Por imponer una serie de reglas de comportamiento (muchas inalcanzables) sin ninguna ligazón con la realidad, por adoptar una postura eternamente victimista y que retira completamente la autonomía de las personas, dividiendo el mundo entre víctimas y verdugos sin ningún tipo de matización, sin medios-términos. Y, especialmente, por desviar otras cuestiones fundamentales.

Mark Lilla, profesor de la Universidad de Columbia, ha repetidamente comentado sobre el problema de esas “políticas de identidad”, denunciando el surgimiento de “una generación de progresistas narcisísticamente desligados de las cuestiones ajenas a su grupo de referencia”.

Steve Bannon, gurú de la extrema derecha estadounidense, concuerda: “Mientras ustedes estén hablando de políticas de identidad, ganamos”.

Los justicieros y el PT

Lo irónico en todo esto es que la conexión carnal entre justicieros sociales y el PT, al final, es perjudicial para los justicieros (o al menos a las minorías que dicen representar), como quedó claro con Dilma, que revocó la ordenanza que regulaba el aborto y que canceló el kit anti-homofobia, declarando que no haría “propaganda de opción sexual”.

Pero, por ser mujer, era siempre defendida de cualquier crítica, porque criticarla era machismo y misoginia. Las pautas identitarias fueron magistralmente apropiadas y usadas por el PT para intentar neutralizar críticas.

Un ejemplo hasta anecdótico sería el término “palmitero”, que es usado por la militancia negra adepta al “lacrado” para condenar relaciones interraciales (pues es), pero sólo es usado para condenar a hombres negros que se relacionan con blancos porque existe una ” “tal de” soledad de la mujer negra “y, como tal, mujeres negras están libres para relacionarse con hombres blancos – éstos que son necesariamente machistas por ser hombres y racistas por ser blancos – y homofóbicos por ser heterosexuales. Parece gracioso – y es -, pero es realmente la lógica que impregna el mundo de la militancia identitaria, al final de cuentas usted duerme con el enemigo y éste es forzado todo el tiempo a disculparse por existir y esforzarse a no ser quien él es.

No se trata en modo alguno de colocar al blanco, al hetero o al hombre como víctimas (al menos no en pie de igualdad con mujeres, negros y LGBT), sino de apuntar que tomar como enemigo / inferior / nocivo a alguien sólo por sus características más visibles es exactamente lo que hacen los prejuicios. No sirve a ningún propósito de construcción colectiva de pautas y luchas.

En sus textos usted también llama la atención sobre lo que llama “fanatismo identitario”. ¿Qué es eso y cómo se ha manifestado en Brasil?

Raphael Tsavkko García – Se ha manifestado de forma muy similar a la extrema derecha.

Tuvimos los casos notorios de MBL, apoyando la censura a exposiciones de arte. Alexandre Frota, ex actor porno, predicando una agenda moralista pro-familia, un resurgimiento del conservadorismo más torpe y moralista que predica la censura a todo lo que salga de su radio de comprensión y tolerancia. Pero la izquierda identitaria no es muy diferente.

Recientemente una película brasileña fue atacada con toda la fuerza de una santa inquisición identitaria por no retratar “adecuadamente” la esclavitud – y no era el objetivo de la película hacerlo. Una joven fue atacada por usar un turbante, símbolo que identidades negras creen pertenece a ellas (y a una supuesta herencia exclusiva africana).

Militancia identitaria

Los escraches contra quienes salen de los límites escasos impuestos por la militancia identitaria son comunes, como por ejemplo o sufrido por el artista Rafucko, famoso por sus vídeos bien humorados y de crítica política ácida, que fue atacado por militantes negros(as) por promover la exposición ” “Monstruoso” contra las Olimpiadas, en 2016. Por ser blanco él no es “place de fala” para defender a los negros pobres o criticar la violencia fué sufrida por ellos – interdicto- fue anexado a la solidaridad.

Los métodos de censura de la identitaria militancia son adecuadamente apropiados por la militancia del esquema como un todo, que en su gran parte sigue junto con el PT o, al menos, da ese apoyo “crítico”.

MBL censuró la exposición Queer Museo, la censura al cine PE para oponerse a la visualización de un documental sobre el Olavo de Carvalho – porque sus directores se compaginan con el “golpe”. Ningún filósofo de simpatización de cabello, pero una película que pasaría virtualmente desperdiciada acabó volviéndose sensación – la izquierda una vez más busco censurarlo, incluso con violencia, en una publicación en la UFPE. La teoría de la herradura muestra que lo que ha visto quedarse.

Método de la izquierda identitaria

Los métodos de la izquierda identitaria pasaron a ser la regla. Se trata de la imposibilidad de convivir con lo diferente e intentar un diálogo. Uno de los mayores problemas del fanatismo identitario es la completa interdicción del debate.

Hay muchos casos que ocurren a nivel personal, como autopoliciamiento al punto de neutralización de la personalidad, muchos temen de debatir en las universidades con temor de ser blanco de justicieros, los profesores son intimidados, etc. En los Estados Unidos eso es aún más visible, no faltan casos donde, por poco, identitarios (o justicieros sociales) no llegaron a la violencia física – pero lograron la dimisión de profesores, por ejemplo.

Hay temas en que no hay espacio para discordancia, para diálogo, para que ni siquiera se ose apuntar sobre un problema. Tenemos el caso reciente del secretario de Educación de Río, César Benjamín, que criticó lo que llama “racialismo” por parte de elementos identitarios del movimiento negro. De acuerdo o no con sus argumentos, el hecho es que la respuesta estándar de la militancia de izquierda ha sido la de pasar por encima de todas sus críticas para acusarlo de racismo. No hay el menor espacio para que se debatan ideas, se parte mediatamente desde la descalificación del interlocutor. Benjamín es racista por haber criticado una pauta identitaria del movimiento negro, no por haber efectivamente dicho o hecho algo de carácter racista.

La obcecación de esa izquierda en negar cualquier debate sobre raza, género y orientación sexual sólo es superado por la de propagar la tesis del “golpe” tan cara al PT. No es sorprendente que uno de los grandes líderes del movimiento negro en las redes sociales defienda sus pautas con la misma garra que defiende al PT, o aún más, podemos recordar la desafortunada frase de Lula sobre mujeres de “grelo duro” (chulería para decir clítoris duro), que dicha por cualquier otra persona seria machismo, motivo de escracho, pero venido de quien vino pasó a ser hasta bandera y eslogan de campaña.

Hay una clara intersección de métodos y militancia / militantes identitarios y lulistas / petistas, quien no es petista es enemigo, quien no forma parte de mi minoría y reza por mi cartilla es enemigo. Esto, al final, promueve una política de silenciamiento e, incluso, empuja potenciales aliados al otro lado.

IHU On-Line – ¿Es posible vislumbrar, a largo plazo, cuáles deben ser las consecuencias tanto del discurso del fanatismo identitario y del discurso de los justicieros sociales?

Raphael Tsavkko García – Las consecuencias las estamos viendo hoy: interdicción del debate. Imposición de patrones de comportamiento y pensamiento para la negación de la diversidad y la imposición de un pensamiento único. En los Estados Unidos no faltan analistas que apuntan a los efectos nefastos de la política identitaria: en el juego de la exaltación de identidades, como si fueran necesariamente aquello que define lo que es bueno y malo, lo que es correcto e incorrecto, y los blancos sureños, en general pobres, fueron dejados de lado. Votaron en masa en Trump.

Es la profecía que se auto cumple, se habla tanto (y mal) de determinados grupos, alejándolos, criminalizándolos por sus características innatas que, al final, cuando éstos acaban votando por el “enemigo”, los heraldos del identitarismo se regocijan : “estábamos seguros”.

Retórica agresiva

La retórica agresiva de grupos identitarios aliena potenciales aliados, aleja a todos los que no comparten las mismas características. La lógica del “privilegio” adoptada por estos grupos es pésima a largo plazo, pues asume que cualquier persona necesariamente se comportará de una determinada forma o tendrá éxito (o falta de él) exclusivamente por ser blanca, por ser hombre, o por ser heterosexual . Los blancos, heteros u hombres que no “llegan allí” son tratados como enemigos de la misma forma por haber nacido como tal.

Para mí, “privilegio” es un concepto malo y sociológicamente caprichoso que desprecia ubicación, situación, contexto y clase. Consigue ser aún más pobre y vacío de sentido sociológico que “apropiación cultural” y “lugar de habla”, que hasta ya tuvieron algún sentido antes de ser apropiados y des caracterizados por movimientos justicieros para intentar censurar y silenciar críticas (incluso internas).

Me recuerdo de un artículo de una profesora de la UPFE, publicado en el sitio de Media Ninja, que va por el mismo camino: el hombre es machista, el hombre de izquierda es machista, el de derecha es más aún, porque no ser de izquierda ya es en sí, ser machista. No tiene como o para dónde escapar. El ser del color, del género “equivocado” es suficiente para ser prejuiciado. En vez de combatir el prejuicio en sí, usted combate a quién (en tesis) no sufre prejuicio.

Usted está equivocado porque nació de una determinada forma, su vida, su recorrido, sus opiniones y acciones no importan. En el largo plazo eso acaba apenas alejando potenciales aliados, cansando a todos los que no consigan o quieran adaptarse a los patrones inalcanzables de tal militancia – o que simplemente hayan “nacidos equivocados”.

Nada de eso contribuye a combatir el prejuicio en sus más diversas formas, tan sólo alejan aliados de causas importantes porque son tratados siempre como enemigos. El profesor Erick Felinto escribió una vez en Facebook: “si usted apoya a una minoría, sin ser de esa minoría, es porque quiere galleta. Si no apoya es porque refuerza las estructuras jerárquicas del poder societario. En suma, entre manifestarse, arriesgándose a la acusación de ‘robo de protagonismo’ y permanecer callado, parece que hoy la segunda opción es la más sensata. Sus pautas como minoría pasan a ser más importantes que todo el resto – e incluso las pautas de otras minorías.

IHU On-Line – ¿Cómo evalúa el “debate” político en las redes sociales, especialmente lo que se llama “activismo de Internet”?

Raphael Tsavkko García – No hay debate. Hay griterío y odio. Un lado sigue siendo racista, machista y homofóbico, otro lado cree que para combatir eso tienes que tratar a todos los heteros, todos los hombres, todos los blancos como enemigos jurados, hacer fanfic y predicar el linchamiento contra quien no reza por la cartilla. En el medio, la mayor parte de la población que queda completamente perdida, todavía recibe la fama de “neutro”. Y lo mismo vale para la política más allá del activismo identitario, como la insoportable disputa entre el PT, que intenta encarnar a la izquierda, y el resto, a los “golpistas”, que al final eran y volverán a ser aliados del PT y, según el propio Lula, deben ser perdonados. El activismo de internet parece un masaje en el ego de militantes, pero que no lleva a ningún lugar, no promueve nada. Es el “lacrar” sin ninguna perspectiva de cambio o de efectivamente causar diferencia. Las estructuras, sin embargo, siguen allí, inmutables. No es porque su conocido hizo una broma que no le gustó y usted le obligó a callarse, que dejará de pensar en esa forma. Él apenas no se manifestará delante de usted, usted encontrará que se “lacro”, pero al final creó un enemigo. Mientras, la broma podría haber sido inocente (y usted es demasiado sensible) o había muchas maneras mejores de abordar la situación sin crear un potencial enemigo.

Militancia de internet

La militancia de internet, hoy, está tomada por intentos de “sellar” y silenciar (sinónimos), culto a la personalidad de supuestos liderazgos (en algunos casos bordeando lo risible y tosco, como la alabanza de un editor de portal a su novia sin ningún tipo de compromiso con la ética periodística) y absolutamente ningún espacio para efectiva construcción colectiva, convencimiento, diálogo.

Muchos y muchas que intentan aún realizar un esfuerzo de crear puentes, acaban desistiendo por la completa imposibilidad de respirar el aire tóxico de las redes militantes.

Lo mismo, repito, vale para la política en general, b versus el resto, golpe o no golpe, la lógica es la misma. O usted repudia el impeachment y lo considera un golpe o entonces usted es un golpista. De hecho, puede incluso discrepar del impeachment, pero si no lo denomina golpe es un enemigo de la misma forma.

El proceso de imposición de absolutos es invariable. O usted es “coxinha” o es “petralha”. O usted defiende pautas identitarias o usted es el enemigo a ser combatido (o si nació con las características “equivocadas” no saca nada con intentar). Incluso aquellos más afines a uno u otro espectro político encuentran inmensa dificultad en tejer críticas, en proponer cualquier diálogo bajo acusación de hacer el juego del otro lado, de ser traidor, etc. Pablo Ortellado captó bien este problema en un artículo para la Folha de São Paulo.

Escribí hace alguna semanas que “la internet podría/debería ser un espacio público (sí, más a los lados de Habermas), pero muchas veces es el absoluto opuesto. Destruye, desagrega, niega cualquier espacio para debate y dialogo. La internet, a veces, interdicta el debate. Es una guerra permeada por fake news para convencer a todo costo el condenar a los no convencidos/convertidos”

En los últimos años, la mayoría de las personas que viven con el VIH / SIDA en el mundo, no se sienten atrapadas en el mundo. que es una guerra impregnada por fake news para convencer a toda costa o condenar a los no convencidos / a de la guerra, convertidos.

IHU On-Line – ¿Cómo, en consecuencia de cómo se ha dado la discusión política en Brasil, vislumbra que será el debate político para las elecciones presidenciales del próximo año?

Raphael Tsavkko García – El año que viene será insoportable. No faltan memes ya predicando el clima insoportable. Tal vez el humor sea el mejor refugio ante la inevitabilidad de un clima político sofocante. Por otra parte, el término “debate” no es correcto, dado que no hay espacio para ello en las innumerables burbujas formadas en las redes sociales. Como escribí, “al final las redes sociales promueven un gran silenciamiento colectivo. Son tantas voces gritando en lados absolutamente opuestos que sobra poco espacio para cualquier cosa divergente – y muchas veces el peso de aquellos que gritan es sobredimensionado, pero gritan lo suficientemente alto ».

La gritería política brasileña impide cualquier tipo de diálogo serio sobre los rumbos del país. Un lado quiere censurar, el otro quiere … censurar. El medio se queda, en eso, perdido y sin opciones. El radicalismo impera y resulta difícil vislumbrar una salida o una alternativa a corto plazo. No ayuda el hecho de que no exista una real renovación política, nuevos liderazgos, nuevos movimientos que no sean sólo más de lo mismo, subterfugios de partidos carcomidos por la corrupción y desconfianza.

IHU On-Line – ¿En qué consisten sus estudios sobre nacionalismo e identidad en línea?

Raphael Tsavkko García – Me dedico al estudio de identidades y nacionalismo en línea desde la graduación, cuando investigue una actividad conocida como micro nacionalismo, o la formación de comunidades en línea alternativas que emulan modelos estatales a través de listas de e-mails, sitios etc. En el máster me dediqué a estudiar el proceso de formación de vínculos y (re) construcción identitaria on-line a través de blogs, teniendo los vascos como estudio de caso. En el doctorado me dedico a profundizar lo que estudié en el máster e ir más allá, buscando analizar la comunicación on line y el proceso de (re) construcción identitaria entre vascos en la diáspora argentina y en el País Vasco propiamente dicho, teniendo como foco grupos de izquierda nacionalista y su actuación en pro de presos políticos, de la independencia y de propagación de la cultura y lengua vasca en línea.

Más específicamente analizo la historia de grupos militantes vascos de izquierda y nacionalistas (abertzales de izquierda) en Argentina y cómo estos utilizan Internet como herramienta de propaganda, comunicación con grupos en el País Vasco y de (re) construcción de la identidad vasca y díaspórica on- line.

En fin, siempre busqué estudiar la intersección entre nacionalismo y redes sociales, la formación de comunidades imaginadas transnacionales en Internet, a través de listas de e-mails, Facebook, blogs, Twitter, etc. y como diferentes miembros / grupos de comunidades nacionales se relacionan.

También me dedico a realizar análisis comparativos sobre el uso de herramientas de medios sociales por minorías étnicas diversas (vascos, kurdos, uigures, tamil, etc.) para la promoción / el mantenimiento de sus identidades nacionales / étnicas y para el compromiso político, un trabajo sobre el tema, que acabó quedando en segundo lugar en la premiación de mejor artículo de investigador joven de la conferencia  DMM ECREA en Bilbao.

IHU On-Line – ¿Desea añadir algo?

Raphael Tsavkko García – La narrativa del “golpe” es, como de costumbre en el PT, la forma de culpar a los demás por sus errores. El PT va a imponer la narrativa del golpe y exigirá en 2018 apoyo ciego de la izquierda a Lula – si no está preso – para repetir los mismos errores (que no son errores, es sólo estrategia). Para sostener esa narrativa, tendremos gritos contra los “medios golpistas”, la misma que siguió recibiendo miles de millones de reales en los 13 años en que el PT estuvo en el poder y que jamás tuvo que temer una reforma de los medios, porque tal idea nunca pasó de propaganda . Después de tantos años por encima, mandando y desmandando, cooptando, comprando y desmovilizando movimientos sociales y apenas pasando por encima de todo y todos, los petistas desaprendieron hacer política. No pudieron comprar una salida, no consiguieron cooptar, no consiguieron robar la pelota, entonces se burlaron, atacaron amenazaron y, al final, perdieron. Fuera del poder siguen incapaces de encontrar soluciones a sus problemas. Necesitan a la izquierda, pero siguen aliados a la derecha, amenazan, hacen chantaje, tratan de rescatar la narración del “mal mayor”, no piensan siquiera en la posibilidad de autocrítica. Esta, cuando viene, comienza siempre con “sin embargo”, con “pero”, como si sus errores fueran errores de los demás, una necesidad impuesta por la realidad, algo ineludible – y menor ante todas las maravillosas realizaciones del PT.

Alternativas a la izquierda

Cabe en este momento a la izquierda buscar alternativas más allá del PT, más allá de los movimientos cooptados por el partido. Algo nuevo, que no tenga como foco sólo la institucionalidad, sino la vida, las calles, los espacios comunes, la búsqueda por lo común a través del diálogo amplio, franco y honesto.

El discurso de muchos es que la democracia llegó a su fin el 31 de agosto de 2016, y que antes todo estaba hermoso. La represión comenzó ayer, antes era diferente. Los acontecimientos de junio de 2013 pasan a ser normalizados, tratados como una coma. La violencia cotidiana y la total falta de democracia en las favelas (con derecho al ejército enviado por el “corazón valiente”) es mero detalle. Fue a partir del impeachment que la democracia acabó. El golpe cambió todo.

O superamos esa narrativa o seremos superados por la derecha. O superamos al PT o nos convertiremos en un mero y débil recuerdo en el curso de la historia. Y lo mismo vale para otras narrativas y “discursos alternativos” impuestos a la militancia, como es el discurso de los justicieros sociales (o Social Justice Warriors) que ha sistemáticamente alejado a la izquierda del resto de la población, con la imposición de un discurso pseudouniversitario que en la práctica sólo busca censurar, patrullar y policiar y que, al final, perjudica la lucha por los derechos humanos y en favor de las minorías.


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